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Hábitos

In La Palestra by Jose PeinadoLeave a Comment

Somos un animal de costumbres. Todo lo que pensamos, decimos y hacemos es el resultado de hábitos profundamente arraigados en nosotros a través de años de comportamiento. Los hábitos que conformen tu realidad cotidiana son un reflejo del estado y la calidad de tu vida. ¿Estás en forma?, ¿eres feliz?, ¿tienes éxito?, ¿tienes tiempo para todo lo que quieres hacer? Las respuestas a esas preguntas nos llevan a un círculo vicioso: ¿has generado un estilo de vida a partir de unos determinados hábitos o tus hábitos dictan cómo es tu vida?.

El estudio y análisis de los hábitos tiene cada vez más importancia en la sociedad actual. La razón por la que nos preocupamos más por nuestros hábitos es porque impactan en nuestra productividad y en nuestra vida personal. Para las empresas es en el terreno de los hábitos donde se juega que un determinado producto o servicio tenga éxito. Una idea puede terminar convirtiéndose en un plan de negocios prometedor que derive en una estrategia a priori exitosa, pero si el mercado – todos nosotros- no la incorpora como hábito, el proyecto fracasará. A nivel individual los hábitos condicionan nuestro rendimiento profesional -y que seamos perfiles interesantes para las empresas- y dirigen nuestro estilo de vida.

Todos tenemos debilidades. Estas suelen ser generalmente consecuencia de falta de capacidad, pero muchas veces provienen realmente de tener malos hábitos. Sentado en la mesa de la oficina y sabiendo que tienes que preparar una importante presentación o una reunión relevante, dedicas el tiempo a revisar los emails o a devolver llamadas que sabes que realmente no son importantes en ese momento. Puede deberse a que no seas muy bueno priorizando tareas o simplemente que sueles procrastinar, en cualquier caso son producto de un mal hábito. Abunda la literatura del genero smart thinking porque nuestras agendas diarias están saturadas y buscamos sugerencias que nos ayuden a fomentarnos conductas saludables destinadas al ahorro y optimización del tiempo: necesitamos hacer más cosas en menos tiempo. Nos fijamos en los denominados life hackers –promueven la productividad personaly sus trucos para ganar tiempo, como los del fundador de Facebook-  Mark Zuckerberg- que siempre viste igual para no tener que perder tiempo en elegir qué ropa ponerse cada día.

Una buena manera de optimizar tiempo es precisamente “rutinizando” la mayor cantidad posible de pequeñas decisiones, de tal manera que al hacerlas en piloto automático -convertidas ya en hábito- nos liberan tiempo y toma de decisiones. En la popular serie The Big Bang Theory,  el personaje del físico superinteligente -conocido como Sheldon- propone en un episodio usar un dado para decidir cuestiones triviales como vestirse o qué comida pedir en un restaurante. Se estima que el 40% de las decisiones que tomamos cada día las realizamos sin reflexionar: levantarse de la cama, ducharse, desayunar, lavarse los dientes, ir a la oficina, revisar los correos, seguir el mismo itinerario al trabajo. Estas decisiones mecánicas corresponden a la parte del cerebro denominada “caliente”, que es la parte de nuestro cerebro que evolutivamente siempre tuvimos ahí. Es el sistema caliente el que nos regula el hambre, los miedos, la felicidad. El sistema “frío” es la parte del cerebro que se desarrolló más tarde -que no compartimos con los animales- y nos permite contemplar nuestras posibles acciones futuras en las que basar una determinada decisión. Es la parte del cerebro que nos ayuda a eliminar malos hábitos con propósitos como dejar de fumar, mejorar nuestra dieta o hacer más ejercicio. Son los hábitos derivados del sistema caliente  -los automatizados y los más básicos- los más difíciles de modificar porque son asociativos y libres de esfuerzo. La dificultad de deshacer malos hábitos radica sencillamente en que cuesta esfuerzo, se necesita compromiso, voluntad y un deseo inquebrantable de superar determinadas tendencias. Todo el que practica deporte intenso con regularidad reconoce lo reconfortante que resulta relajarse después de un duro entrenamiento, lo bien que se siente uno consigo mismo con el tiempo, pero lo difícil que resulta incorporarlo a la rutina diaria. Por eso tantos gimnasios del mundo tienen más socios que gente entrenando en sus instalaciones: un porcentaje muy elevado paga la cuota pero no acude con regularidad.

Si un estudiante se sienta en la mesa para estudiar y lo hace con el smartphone a su lado para contestar cada whatsapp que recibe o chequear redes sociales, ¿acaso no sabe que ese hábito lastra enormemente su rendimiento?  Es difícil no ser consciente de ese mal hábito pero por qué privarse de ese placer. Los fumadores, por ejemplo,  ¿no saben que fumar mata? Ambos hábitos son producto de acciones irracionales que no se hacen sopesando ventajas y costes, pero no dejamos de hacerlos porque la recompensa a futuro no es lo suficientemente atractiva en el corto plazo. Cuando engañamos nuestra capacidad de autocontrol para terminar generando un mal hábito, tomar la decisión racional para revertilo es tremedamente costosa.

Para Charles Duhigg -autor del libro El poder de los hábitos– los círculos de la rutina que conforman los hábitos tienen tres partes comunes: “el disparador” -que bien puede ser una sensación- que nos incita a una determina acción, el segundo “el comportamiento rutinario” en sí mismo y el tercero sería “la recompensa”, la que le dice al cerebro que recuerde el patrón para repetirlo en el futuro. Para romper un hábito remover los tres componentes a la vez es extremadamente difícil. La clave para Duhigg es mantener al principio el disparador y la recompensa, pero modificar la conducta rutinaria. Recurre al ejemplo de Alcohólicos Anónimos (una adicción producto de malos hábitos) que basa su éxito porque reemplazan la costumbre de ir a un bar por las reuniones en grupo, pero preservan la “recompensa” de la socialización .

El filósofo Peter Drucker es uno de los personajes más reconocidos en las teorías de gestión de empresas desde hace décadas. Él resume como debe ser gestionarse a sí mismo: ‹‹el éxito en la economía del conocimiento llega a quienes se conocen a sí mismos; sus fortalezas, valores y cómo se desempeñan mejor››.  La mejor manera de comenzar a mejorar es identificar y asumir qué hábitos lastran diariamente nuestras fortalezas  y desempeño para poder tomar medidas, porque para ser mejores profesionales y conciliar vida personal estamos condenados al “hackeo de los hábitos”.

Algunos libros sobre el asunto:

El poder del hábito, Charles Duhigg

El Test de la Golosina,  Walter Mischel (*)

Las ventajas del deseo / Las trampas del deseo. Ambos de Dan Ariely (*)

Pensar rápido, pensar despacio de Daniel Khaneman (*)

Decídete de los hermanos Heat (*)

(*) Reseñados en thebookhunter, ver sección TBH reseñas.